No molestar
La energía que descansa en un ventilador de techo, que
encendido
a su máxima potencia e impulsado por un poco de corriente
que entra
desde la ventana maltrecha
es capaz de cercenar por el cuello la cabeza de un
excursionista alemán borracho
en su primera visita a un hotel de la Costa del Sol española
cuando, ebrio de felicidad después de un día perfecto
de paella, sol, playa y chiringuito,
no encuentra otra cosa mejor para terminar el día que
ponerse
a pegar saltos sobre la cama individual de su habitación
en-suite
en el mencionado establecimiento hotelero.
Esa.
La energía que desprende tu cuerpo en viaje a la cama.
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